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"Cuando fui extranjero, me acogieron"

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"Cuando fui extranjero, me acogieron"

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"Cuando fui extranjero, me acogieron"


28 de marzo, 2017

"Cuando fui extranjero, me acogieron" (Mateo 25:35)

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Por eso, cuando una parte de la Iglesia sufre, todas las demás partes también sufren. Esto sucede hoy en nuestra diócesis, con la posibilidad de que los niños regresen de la escuela y descubran que uno o ambos de sus padres faltan porque han sido deportados.

En primer lugar, debo decir que yo, y todos los obispos católicos en los Estados Unidos, creemos que cada nación tiene el derecho de establecer y controlar sus fronteras. También creemos que los delincuentes: traficantes de drogas, traficantes de personas, ladrones, etc. deben ser arrestados, procesados y, si es necesario, deportados. Nadie discute esto.

Pero sólo porque alguien está aquí en los Estados Unidos sin documentos, eso no lo convierte automáticamente en un criminal. "Pero han roto la ley", me pueden decir ustedes. Cierto. Alguien que ha recibido una multa por exceso de velocidad también ha infringido la ley. Pero no los llamamos criminales.

El tema primordial para mí y todos los obispos católicos es una Reforma Migratoria Integral, la cual apoyamos. En la actualidad no hay una manera razonable para que muchas personas obtengan legalmente visas para entrar o permanecer legalmente en los Estados Unidos. Pregunte a los dueños de los campos agrícolas que necesitan desesperadamente trabajadores para cosechar sus cultivos: están pidiendo al gobierno más visas para trabajadores temporales. Incluso las solicitudes razonables de visas de corto plazo están siendo negadas. A los padres de uno de nuestros seminaristas que está a punto de ser ordenado sacerdote en mayo se les negó una visa de turista para asistir a la ordenación y la primera misa de su hijo en Oakland, incluso después de que la diócesis enviara todos los documentos notariados requeridos al Departamento de Estado.

América es un país de inmigrantes. Somos una Iglesia de inmigrantes. Nuestra fe católica nos enseña que debemos dar la bienvenida al extranjero, al inmigrante, a la viuda y al huérfano. El Libro del Éxodo dice: "No molestaréis ni oprimiréis a un extranjero, porque vosotros fuisteis una vez extranjeros en la tierra de Egipto." También dice: "No oprimirás al extranjero. Tú bien sabes lo que se siente ser extranjero ya que alguna vez fuiste extranjero en la tierra de Egipto". Esa es una de las cosas que han hecho grande a los Estados Unidos: tantas personas que han venido aquí, de tantos países, y juntos formamos "La tierra de los libres y el hogar de los valientes ", como nos recordó el Papa Francisco durante su discurso ante el Congreso estadounidense en el 2015.

Aún más, en la Iglesia Católica, todos los bautizados no son solo "miembros" iguales, sino hermanos y hermanas en Cristo. En mi escuela secundaria, teníamos una gran estatua de nuestra Madre Santísima, y a sus pies había estudiantes de diversas razas y nacionalidades. En la hermosa figura, Maria extiende su manto para cubrirlos a todos. ¿Estamos intentando sacar a la gente de nuestras comunidades, de nuestras parroquias y escuelas católicas, y del manto de María... porque no tienen papeles?

Para responder  al mandato  expreso de Dios de ayudar,  estamos hacienda lo siguiente:

  1. Representantes de la Conferencia  Episcopal de EE. UU. se están reuniendo  con los líderes de nuestro gobierno en Washington  para interceder  por nuestra comunidad de inmigrantes, pidiendo que los padres no estén separados  unos de otros ni de sus hijos.
  2. Arzobispo  Cordileone  y yo nos reuniendo a principios de abril con el jefe de ICE  (Servido de Inmigración y Aduanas de Estados  Unidos) en el área de la Bahía para interceder  por nuestras propias comunidades locales.
  3. Pido a todos los pastores y directores  de parroquias y escuelas católicas que no permitan a los agentes de ICE entrar en nuestras iglesias y en  las propiedades de la escuela sin las debidas garantías legales. Si es necesario por favor comuníquese  con Cristina Hernandez  en la cancillería para asistencia  inmediata a [email protected] o por teléfono al 510-267-8379.
  4. Seguiremos proporcionando servidos a quienes buscan asistencia,  tales como comida, vivienda y asistencia legal, a través de nuestras organizaciones relacionadas, tales como Caridades Católicas, independientemente de su origen nacional, religión o estado migratorio. Contacte a Caridades Católicas del Este de la Bahía, y a los capítulos de San Vicente de Paul para la ayuda.
  5. La diócesis está organizando sesiones de capacitación y talleres en cada región y decanato para que la gente conozca sus derechos y protecciones bajo la ley. Pido a los párrocos que difundan estos talleres en la mayor medida posible. Hay muchos recursos comunitarios y legales para nuestra gente que están a solo una Hamada telefónica de distancia. "Conocer sus derechos," y "Que hacer si ICE llamar a su puerta," son unas de las mejores opciones para reducir el nivel de miedo y ansiedad en nuestra gente. Puede acceder a esta información en oakdiocese.org/immigration.
  6. La Diócesis de Oakland apoya la dignidad de todas las personas sin importar  su estatus migratorio. La Iglesia pide al Congreso y al Presidente  que aprueben la Reforma Migratoria Integral. Hasta que eso suceda, la Iglesia se solidariza con aquellos que viven "en las sombras."

Me doy cuenta de que la gente de buena voluntad puede tener diferentes opiniones sobre la inmigración. Pero si usted es cristiano y se considera discípulo de Cristo, le pido que mire la situación con los ojos de Cristo. No demonizamos a aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Somos americanos, sí. Pero primero, somos cristianos. Recuerden lo que paso cuando José fue mandado por el ángel a levantarse en medio de la noche, tomar a María y al Niño, y huir a Egipto. ¿Los habría deportado Ud. ed Egipto, porque no tenían papeles? ¿Los hubiera devuelto a las manos de Herodes?

Aprovecho  esta oportunidad para agradecer a cada uno de ustedes por su fiel servicio a todos nuestros hermanos  y hermanas, especialmente a los que se encuentran  en las periferias. Que el Señor les bendiga y les recompense.

Monseñor  Michael C. Barber, SJ
Obispo  de Oakland

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