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Tiempos de duelo y sanación

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Tiempos de duelo y sanación

Tiempos de duelo y sanación

 

Enero 2017

El Heraldo Católico

Oakland sabe cómo vivir la felicidad y el gozo. Pero también sabe llorar. En 2015, la caravana de la victoria de nuestro equipo local de basquetbol, los Warriors, nos trajo felicidad. Y a fines del año pasado, lloramos por las víctimas del incendio en la bodega [Ghostship]. Ambas experiencias nos unieron como ciudad y como diócesis.

El primer suceso fue solamente el resultado de un juego deportivo. El otro fue de vida o muerte. Enseguida recibí llamados de estaciones de radio y canales de televisión para preguntarme “¿Qué hace la Iglesia Católica para ayudar en esta tragedia?”

Estas fueron mis respuestas:

1. Desde los primeros momentos hubo un sacerdote en el lugar del incendio. El padre Jayson Landeza, que pertenece a la diócesis y además es capellán de los Bomberos y la Policía de Oakland, fue llamado en plena noche y sin dudarlo se levantó y corrió a la escena del siniestro. Allí permaneció ese día y los días subsiguientes para consolar a las familias de las víctimas y apoyar espiritualmente a bomberos y personal del sheriff que buscaban los restos de fallecidos entre los escombros.

En nombre de toda la diócesis doy gracias al padre Landeza por haber llevado la misericordia y el amor de Cristo a ese lugar de dolor. Hizo exactamente lo que el papa Francisco quiere decir cuando habla de acompañar a los que sufren. A lo que San Juan Vianney se refería cuando hablaba del sacerdote como “el amor del corazón de Cristo.”

2. El incendio ocurrió en la noche de un viernes. El sábado por la mañana, cuando los bomberos terminaban de apagar las llamas en la bodega, fieles de todas partes de la diócesis caminaban hacia la Catedral en nuestra Peregrinación annual, en honor a la Virgen de Guadalupe, desde la parroquia San Luis Beltrán en el este de Oakland. Encabecé la columna de 4,000 personas, niños y adultos, que marchaban por el boulevard Internacional, llevando imágenes de la Virgen, cantando, danzando, desfilando en carros alegóricos y rezando el Rosario. A las 10 de la mañana la procesión pasó cerca de la escena de la tragedia, en las calles 31 e Internacional, donde hicimos una pausa y ofrecimos nuestras oraciones por las almas de las víctimas. Antes de que la tragedia fuera conocida mundialmente y la calle fuera cerrada,  4,000 católicos alcanzamos a orar cerca del lugar. Allí estuvo la Virgen de Guadalupe, su amor y su compasión.

3. El domingo por la mañana, todas nuestras parroquias ofrecieron plegarias e hicieron peticiones por las víctimas y por los socorristas. Por medio de la oración, de la compasión y de nuestra presencia en Misa o en un servicio fúnebre, podemos ayudar en el proceso de sanación. “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios” (Isaías 40:1).

La muerte de un ser querido causa un dolor infinito que sólo puede ser curado por un amor infinito. Jesús es ese Amor Infinito del Padre. “Porque Dios amó tanto al mundo que envió a su único Hijo”. Envió a su Hijo para curar nuestro dolor y para darnos la posibilidad de una vida eterna. María supo lo que es perder a un hijo de forma trágica. También conoció el gozo de verlo resucitado. Que la paz profunda del Cristo esucitado consuele a todos aquéllos que sufren. Que la paz que trajo al mundo el nacimiento del Cristo llene vuestros hogares y vuestros corazones en este nuevo año.